Ese año, en noviembre, me indispuse, menstrué por primera vez. Ya en el colegio nos habían dado un par de clases de esto. Con quién comenté esto fue con mi papá, él me dijo que pronto me tocaría a mí.
Y bueno, el día llegó. Yo estaba con mucho miedo, y se lo conté primero a mi papá, él me felicitó, me dio un abrazo y me dijo que mi cuerpo se preparaba para la maternidad. Por otro lado en cuanto se enteró mi mamá, me empezó a decir cosas horribles; me decía que ya me iban a llenar el bombo, que iba a aparecer preñada. Yo no podía decir nada, pero mi mirada, mis lágrimas de dolor y odio creo que le decían todo.
Todo el mundo sabe que la mayoría de las chicas cuando empiezan a menstruar son muy irregulares, al parecer mi mamá no estaba enterada. Todos los meses sufría de una persecución injustificada. Me trataba como a una prostituta. Mi rencor crecía todos los días.
Cuando estaba a punto de cumplir los 13 años me hicieron una fiesta de cumpleaños y conocí a mi primer “novio” Luisito. Él me dio mi primer beso, sentí mariposas en el estomago, la cabeza me daba vueltas y me sentía livianita.
Era la sensación más placentera que jamás había vivido. Era felizzzzzz.
Le conté a mi papá y él me dijo que se lo presentara, no lo dudé ni un momento. Yo tenía 13 años y Luís tenía 15. Obvio que el día que le presenté a mi papá tartamudeaba, temblaba, pobre!!! Pero lo hizo por mí. Y me hizo muy feliz. Con él salimos un tiempo, ahora tenía una enemiga declarada, sentía que mi mamá me odiaba, me peleaba todo el tiempo, revisaba todas mis cosas, y me insultaba. Me gritaba groserías, me decía que yo quería cagar más alto que el culo, que no quería a “SU” familia… y un montón de cosas así.
Me hubiese encantado tener una abuela, tíos y tías, pero me tocaron depravados.
Ya había comenzado el colegio secundario, había terminado la primaria siendo abanderada, tenía muy buenas notas, pero en el secundario no me fue tan bien. Todas las tardes me cruzaba con Diego N. un chico que había conocido en la iglesia, ni nos saludábamos, pero un día él me saludó y me invitó a la iglesia. En Abril empezaban las clases de seminarios, que eran para los jóvenes de
Seguía siendo muy callada, pero las chicas con las que me relacionaba eran de las más revoltosas. Íbamos a bailes, participábamos de campamentos, era feliz. Pero no creía ni en Dios, ni en su hijo.
Creo que la iglesia era un club para mí, hacía lo que me pedían, pero nada cambiaba mi sentimiento. Ahí me dieron responsabilidades, me enseñaron a hablar, me hicieron maestra de los nenes, con 13 años enseñaba a chiquitos de 8 años. Había una chica que había llegado al grupo que no era muy sociable, yo me llevaba bien con su hermano, Diego E., que como el nombre “Diego” estaba de moda, tengo a 3 en mi lista. Ella era Carina, mis líderes me desafiaron a ganarme su amistad, y saben ¿qué? … fue lo mejor que me podía pasar. Estábamos planeando salir un viernes a un baile, creo que en campana, ella no quería ir, entonces yo la invité a dormir en casa, porque mi papá era quién nos llevaba a todos en el 608. El camión de mi viejo era nuestra limusina. Ella aceptó, del baile no me acuerdo nada, pero sí de todo lo que charlamos con Cari esa noche. Nos hicimos amigas.
Cuando cumplí los 14 años me hicieron otra fiesta en casa, ya tenía muchos amigos de la iglesia, era lindo juntarnos; pero ese día apareció otro personaje, Sonia, una prima de mi mamá, vino con su novio Jorge, este desde el momento que me vio no me sacó la vista de encima. Aprovechó y me sacó a bailar delante de mis padres, en ese momento cambiaron la música y comenzaron “los lentos”, yo le sonreí y le dije, -ahora bailá con Sonia-, el me agarró y me apretó contra él, y me dijo yo conozco a toda tu familia, y sé lo que vos me podes dar, conozco a tus tíos, me contaron lo linda que sos.
Otra vez, otra vez, las piernas se me aflojaron y me dieron nauseas, no podía sostenerme en pie. Me descompuse, y como de costumbre, mi mamá pensó que yo estaba embarazada.
Ese desgraciado me persiguió hasta que cumplí los 18 años. No pudo hacerme más que apretarme en algún rincón y besuquearme, pero era asqueroso igualmente. Igual que los otros. Pero a este lo espantó una buena amiga que era como mi mamá, lo amenazó con un cuchillo y le dijo que si me tocaba denuevo lo mataba. Marta me salvó de 1.
Las cosas para mí empezaron mal, me iba muy mal en el colegio, repetí 2° año, y me sacaron del colegio privado. Me cambiaron a un colegio del estado que era comercial, más para atrás, yo venía de un bachiller, no tenía ni idea de lo que daban en 3° año comercial.
(EN ESTA FOTO TENGO 15 AÑOS)

Apareció mi primo Javi, este pervertido había atado a su hermana de 10 años en una cama y se la había entregado a un amigo. Vino a casa y me molestaba, no me dejaba dormir. Se metía en nuestro cuarto, y me amenazaba, estaba loco. Ya no me quedaba ni quieta, ni callada. Lo peleaba, defendía a mis hermanos y hasta lo lastimaba con mis uñas. De todas maneras la única manera de sacármelo de encima fue engordando. Subí como 15 kilos. Cuando me vio gorda no me persiguió más. Le había ganado una batalla.
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